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Así que pasen... quince años

Así que pasen... quince años

El teatro es un acto de fe en el valor de una palabra sensata en un mundo demente”

Víctor Hugo Rascón
Mensaje del Día Mundial del Teatro 2006

El pasado 24 de marzo Ultimo Ensayo, grupo de teatro amateur, celebró su 15º aniversario presentando en el Teatro del Mercado el musical “La Noche de San Juan”, que Dagoll Dagom y Jaume Sisa estrenaran hace ya unos veinticinco años. La función, además de contar con la presencia de Joan Lluís Bozzo, creador del espectáculo y director de Dagoll Dagom, sirvió para reunir -reunirnos- a buena parte de los que en su día fuimos componentes del grupo durante estos quince años.

En ese tiempo, ha habido tiempo para todo: comedias -Esta noche... Moliere! (1992), Tragedia Fantástica de la Gitana Celestina, de Alfonso Sastre (2001), Misterioso Asesinato en Manhattan, de Woody Allen (2004)-, tragedias -Bodas de Sangre, de Federico Gª Lorca (1993), Woyzeck, de Georg Büchner (1995), La Visita de la Vieja Dama, de Friedrich Durrenmatt (1997)-, “teatro furioso” -Nosferatu, de Francisco Nieva (1999)-, musicales -La Noche de San Juan, de Dagoll Dagom (2005)-, creación propia -Sol y Sombra (con la mano baja y el pecho por delante) (2002)-, teatro del absurdo -No Queda Nada Que Contar, sobre textos de Samuel Beckett (1994), Las Sillas, la Lección y el Maestro, de Eugene Ionesco (1996)-...

Supongo que Ultimo Ensayo es uno de esos pequeños milagros cotidianos que a veces suceden. La pervivencia de algo que comenzó como actividad extraescolar y que con el transcurrir de los años se convierte en un grupo de teatro estable, aún a pesar de ese mismo paso de los años, de los cambios en la formación, las dificultades, los cambios de sede, los sinsabores, las penurias económicas, las dudas, las zozobras, las idas y venidas…

Al fin y al cabo, un grupo de teatro no es sino el tiempo de la gente que lo compone. Y Ultimo Ensayo son ya quince años de gente, de esfuerzo por seguir adelante, de consolidar pequeños triunfos colectivos en forma de estreno; unas veces avanzando, otras sabiendo caminar, con cuidado, hacia atrás. Horas de ensayo, preparativos, montajes, sonidos, iluminaciones, vestuarios, escenografías, atrezzos... Aprender a disfrutar del Teatro, a padecerlo, a soñarlo; a amar el Teatro. Saberse necesario sin ser imprescindible y atreverse; ser lo que nunca se ha sido, y saber salir del brete.

En definitiva algo frágil, como pendiente de un hilo, pero inexplicablemente sólido, tal vez sujeto con la fuerza de quienes se aferran a un escenario como el que naufraga se agarra a su madera. Un gesto hermoso, y absurdo, en mitad de la marea.


Brindo por estos quince años, y por los próximos, sean los que sean.


¡Larga vida a Ultimo Ensayo!

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