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Cartera

Cartera

Un billete de cincuenta euros. Algo de calderilla. La foto de una chica, de unos veintitantos, ni muy fea ni muy guapa. La camiseta roja y de generoso escote. Teñida, probablemente. Y con cara de cansancio.

Un ticket de supermercado, de una compra con demasiada cerveza para tan poco hidrato de carbono. Cinco o seis billetes viejos de autobús, con las esquinas desgastadas, algunos de ellos ya ilegibles; otro de tren, para el día siguiente. La servilleta de un bar de carretera. Un preservativo. Un papel de liar inservible. En otro apartado la foto de una mujer mayor, sonriente y ufana, con un niño en brazos. Varios recortes de periódico, algunos rodeados con rotulador rojo, otros no: clasificados, sección de empleo.

La tarjeta de identificación de una penitenciaria. Una nota arrugada, con letra temblorosa y mala caligrafía, que decía “Asunción Galindo, abogada. Llamar lunes 24”.

 
Reconstruyó en su mente el personaje, y pensó que tal vez habría sido interesante conocerlo. O mejor, haberle podido observar, a través de un agujero.

 

 

Dejó de pensar en todo esto al tiempo que se incorporaba. Se guardó los cincuenta euros en el bolsillo y siguió caminando, en busca de un buzón en el que abandonar aquella cartera.

FOTO 21. París (I)

FOTO 21. París (I)

Pizzería Kosher en el barrio judío. París, 13/07/2007.

De vuelta

De vuelta

Trabajo. Estrés. Falta de tiempo, falta de ideas.

Después, las vacaciones. París y Ámsterdam. Distancia, descanso, equilibrio. En el epílogo, como un chasquido, un nudo en la boca del estómago.

En cualquier caso, una ausencia de casi dos meses. Y poco que decir ante eso; de nada sirve farfullar otra disculpa.

Como mucho, que hemos vuelto -otra vez-. Que pretendemos regresar para quedarnos. De nuevo con propósito de enmienda, pese a que a estas alturas nos quede ya poca palabra. (Lo cierto es que La Carrera del Siglo empieza a parecer el Guadiana. Empieza a darme vergüenza)

 

 

Gracias por la comprensión. Bienvenidos, de nuevo.

Nuka

Nuka

FOTO 20. Santiago de Cuba (III)

FOTO 20. Santiago de Cuba (III)

Escuela infantil en la Plaza de Marte. Santiago de Cuba, 11/07/2006.

Hoy recomendamos... Heiner Müller

(...)

2

LA EUROPA DE LA MUJER

Enormous room. Ofelia. Su corazón es un reloj.

OFELIA (CORO/ HAMLET)

Yo soy Ofelia. La que el río no retuvo. La mujer ahorcada. La mujer con las venas cortadas. La mujer de la sobredosis EN LOS LABIOS NIEVE La mujer con la cabeza metida en el horno de gas. Ayer dejé de matarme. Estoy sola con mis pechos mis muslos mi vientre. Destrozo las herramientas de mi cautiverio la silla la mesa la cama. Destruyo el campo de batalla que fue mi hogar. Arranco las puertas, para que el viento y el grito del mundo puedan entrar. Destrozo la ventana. Con las manos ensangrentadas rasgo las fotografías de los hombres que amé y que me utilizaron en la cama sobre la mesa en la silla en el suelo. Prendo fuego a mi prisión. Tiro mis vestidos al fuego. Arranco de mi pecho el reloj que fue mi corazón. Salgo a la calle, vestida con mi propia sangre.

(...)

 

5

FEROZ ESPERA/ EN LA TERRIBLE ARMADURA/ MILENIOS

Fondo marino. Ofelia en silla de ruedas. Peces, ruinas, cadáveres y trozos de cadáver pasan a la deriva.

OFELIA

Mientras habla dos hombres de blanco la envuelven con vendas de gasa junto con la silla de ruedas, de abajo hacia arriba.

Al habla Electra. Desde el corazón de las tinieblas. Bajo el sol de la tortura. A las metrópolis del mundo. En nombre de las víctimas. Expulso todo el esperma que recibí. Transformo la leche de mis pechos en ponzoña mortal. Retiro el mundo que he parido. Asfixio entre mis muslos al mundo que he parido. Lo sepulto en mi vulva. Abajo la felicidad de la sumisión. Vivan el odio, el desprecio, la rebelión, la muerte. Cuando avance por vuestras alcobas con cuchillos de carnicero sabréis la verdad.

Los hombres salen. Ofelia permanece sobre el escenario, inmóvil bajo el envoltorio blanco.

 

  

(Die Hamletmaschine, 1977)

Relatos del día a día/ Escenas cotidianas (II)

Relatos del día a día/ Escenas cotidianas (II)

Metió primera mientras colocaba en la guantera el cartel de Fuera de Servicio. Para evitar malentendidos, apagó como de costumbre la luz interior del autobús y estiró su espalda cada día más maltrecha contra el asiento, buscando un crujido relajante que no llegó a sonar.

A lo largo del paseo pudo contemplar, hasta en cuatro ocasiones, cómo las caras expectantes y las bocas abiertas que se repetían en cada marquesina se convertían a su paso en gestos de irritación, abatimiento o resignación según el caso. Probó a girar su cuello hacia los lados, sintiendo como en él se acumulaban las ocho horas de volante y atención a una clientela poco dada a la transigencia, pero tampoco le funcionó. Así que recontó por tercera vez los cambios, y aprovechó un semáforo en rojo para recuperar la moneda de diez céntimos que en el segundo recuento se le había caído bajo el acelerador

Observó con una mezcla de cansancio y tristeza cómo le adelantaba a unos setenta por hora un Orión chapuceramente tuneado, con cuatro chicos moviendo sus cabezas como becerros a ritmo de reggaetón. Recogiendo del salpicadero su cartera y sus llaves vio la hora: otra vez quince minutos de exceso de jornada laboral. Pensó en el trayecto que le quedaba hasta cocheras, y sin demasiada fe se puso en manos de la Virgen, esperando no encontrarse con el tradicional atasco en dirección al polígono.

De camino saludó tibiamente a un compañero que avanzaba en sentido contrario. Se dio cuenta de que apenas se conocían, y concluyó que en realidad ni tan siquiera le caía bien. Arrugado en el fondo de su funda de gafas, encontró un boleto de la primitiva; decidió que comprobarlo sería lo primero que haría al llegar a casa, y deseó fervientemente que estuviera premiado.

Se desabrochó los tres primeros botones de la camisa, buscando en vano un pellizco de felicidad. Llegando a Miguel Servet, un muchacho de unos catorce años le hizo señas para que lo cogiera. A través del cristal le indicó con gesto de disculpa que no, señalando el cartel y las luces apagadas. Al alejarse pudo ver por el retrovisor como el chico lanzaba una patada al aire, mientras apuntaba al cielo con el dedo anular de su mano derecha. Respiró hondo y siguió su camino, intentando imaginarse bajo una relajante ducha de agua templada y echando cuentas desesperadas para saber cuántas semanas de trabajo le quedaban hasta sus vacaciones.

FOTO 19. Seyporretrato del autor

FOTO 19. Seyporretrato del autor

Yo fui una vez así. Ya casi ni me acuerdo.

Clic conductor de toro mecánico customizado (gafas y perilla) por mis amigotes, que valen un valer. Zaragoza, 24/09/2006.

Hoy recomendamos... Zaragoza Ciudad 6

Hoy recomendamos... Zaragoza Ciudad 6

Los días 29 y 30 de junio, móntatelo como puedas, tienes que estar en el Festival Internacional de Hip Hop Zaragoza Ciudad 6. ¿Por qué?

 

 

En primer lugar, porque será tu única oportunidad de ver en España al Wu Tang Clan al completo, con los RZA, Raekwon, Method Man, GZA, Cappadona, Inspectah Deck, Ghostface Killah, Masta Killa y U-God reunidos de nuevo (hasta que se les vaya la pinza, se partan la cara en algún camerino y se disuelvan otra vez). Segundo, porque podrás ver jugando en su casa a los Violadores del Verso, presentando el directo de “Vivir para contarlo”, único disco de rap que ha sido nº 1 en ventas poniéndole el culo en la cara al mismísimo Bisbal.

 

 

Porque podrás disfrutar de la presencia de niggas históricos como Big Daddy Kane o Kool G. Rap. Porque estará dj Kool Herc (para conocimiento de los novatos, el tipo que inventó esto del hip hop). Y Tote King. Y Guru. Y d.i.t.c. Y Rob Swift. Y Rapsus’klei. Y Sr. Rojo. Y Hablando en Plata. Y Frank T. Y La Rumeur. Y Xhelazz... ¿Necesitas más?

 

 

En ese caso, vendrás porque, a diferencia de otros festivales, no tendrás que lamentar el haberte perdido nada; aquí podrás ver todos los conciertos, sin excepción. Porque podrás ducharte en el Wash-U. Por que tendrás el mejor graffiti, breakers, skate, bmx, batallas de mcs…

 

 

Porque no encontrarás en España un cartel como este. Porque nadie en el mundo te dará dos días del mejor hip hop por 35 míseros euros. Porque hay otros festivales, pero no son este.

 

 

Y, sobre todo; por que si no estás ahí, entonces es que no sabes qué es el rap.

 

 

Si, después de todo esto, aún te quedan dudas (absurdo, pero bueno), podrás despejarlas en www.zaragozaciudadhiphopfestival.com.

 

 

 

¿Publicidad gratuita? Lo sé. ¿Algún problema?

(Dios, es hablar de hip hop y me pongo de un macarra…)

 

 

 

 

Nota importante: Este post es, en realidad, un experimento publicitario. Si de alguna manera has llegado hasta él buscando información sobre el propio Zaragoza Ciudad, otros festivales, bolos de hip hop, algún artista en concreto, etc… por favor deja tu comentario aquí con detalles en torno a si ya conocías el festival, el cartel, los precios… y sobre todo, si, después de leerlo, has decidido acudir. Gracias.

Hermosa cabeza tienes

Hermosa cabeza tienes

Presentación. En la esquina derecha del ring, con calzón de cualquier color menos rojo, concentración de la AVT en la Plaza del Pilar de Zaragoza. Indudable caché en los cabezas de cartel, no sin cierto tufillo a precampaña: Alcalde, Buesa, Suárez... (para los no iniciados, los Zaplanas y Acebes de esta nuestra comunidad). Tarde agradable y soleada. Poco margen para las medias tintas. Una reivindicación clara: De Juana, vuelta al trullo.

En la esquina izquierda, sin calzón y sin saber dónde se mete, la Agrupación de Comparsas de Almansa (Albacete), por cortesía de la Casa de Castilla-La Mancha en Zaragoza, recorriendo las calles del centro de la ciudad. Pasacalles lúdico festivo con comparsa de Moros y Cristianos y dos bandas de música, concretamente la municipal y la de Garrapinillos. Suficientemente español, a priori -quizá convenga recordar aquí que en este tipo de eventos esos pérfidos remedos de mujahidin siempre acaban palmando-.

 

Combate a un solo asalto. La llegada de los manchegos, disfrazados de malvados moritos, exalta los ánimos de los manifestantes. De manera inesperada el folclor patrio se convierte en arma de doble filo: trifulca, insultos, empujones; rabioso clamor al grito de “asesinos” y “fueras” contra las huestes almorávides redivivas. Indignación en los unos, pavor en los otros. Olvidada en mitad de la refriega reluce la curiosa pero infructuosa coincidencia ideológica de ambos bandos, plasmada en la cartelería de los auvetenses: España no se rinde. En la confusión vuela alguna guantada hacia la prensa, con el oscuro anhelo de atinar en la cara de algún masón de PRISA.

Se desconoce el paradero exacto de los candidatos a esas alturas del cisco. La Local y la Nacional median en la contienda; un cordón policial evacua tamaña ofensa disfrazada de animado desfile. El Cid se retuerce en su tumba, dudando de si acertó con el bando. Por la plaza, finalmente, una única certeza: ha sido cosa de Rubalcaba.

 

Crónicas de la velada. El representante de la AVT comenta con cautela que “no había suficiente espacio para todo el mundo”. El candidato al Gobierno de Aragón por el PP habla de "desafortunada coincidencia que probablemente tendrá una motivación detrás". Los albaceteños, todavía con el susto en el cuerpo, creen “no merecer el trato recibido”. El candidato a la Alcaldía de Zaragoza, sin duda más flamenco, emplea términos como "auténtica provocación y falta de respeto". La banda del Ayuntamiento no hace declaraciones, pero denuncia la rotura de unos timbales. Guionistas de todo el mundo se lamentan por no haber ideado este sketch antes.

 

Posdata. La todavía perpleja editorial de La Carrera del Siglo, mientras lamenta que sus relatos no tengan la intensidad y la capacidad de sorpresa de esta historia real, no puede sino plantear a los fogosos manifestantes una sencilla y amena reflexión: pregúntense simplemente si entre todos aquellos señores de la “Muy Noble, Muy Leal y Felicísima Ciudad de Almansa”, ataviados con sus indecorosos atuendos históricos, no podría haber también, pese a todo, algún que otro devoto oyente, ahora un tanto confuso, de nuestro ínclito Fedeguico.

(Para más información, no dejen de leer los artículos de Heraldo y Periódico de Aragón al respecto)

FOTO 18. Skyline

FOTO 18. Skyline

Cielo despejado, atardecer. Tejados, muros, antenas y vallas. Barrio del Gancho, San Pablo. Zaragoza, 13/07/2005.

La dureza de las olas

La dureza de las olas

Resistió los embates del mar como buenamente pudo durante varias horas. Observó con preocupación como el viento del Este había traído consigo un denso techo de nubes negras, que apenas dejaban vislumbrar ya algún ínfimo rayo de sol. No acababa de entender cómo había llegado a distanciarse tanto de la orilla; ni cómo el tiempo, que durante toda la mañana había sido benévolo, podía haber cambiado tanto. Pensó que tal vez se habría quedado dormido, mientras se aferraba con fuerza a ambos lados de la barcaza, tratando de mantener un equilibrio que a cada minuto se hacía más y más precario.

 

A su alrededor no atisbó ni un solo barco hacia el que dirigirse. Lo encontró lógico, viendo lo temerario de hacerse a la mar con ese horizonte. La orilla parecía también una referencia utópica, rendido ante lo invencible de aquella resaca monumental que le arrastraba sin remedio. Sin saber porqué, las primeras gotas de lluvia que salpicaron su cara le trajeron a la memoria la historia de aquel viejo corajudo de Hemingway: lejos de reconfortarle, le pareció un pensamiento cínico y absurdo. Ni tan siquiera le había gustado el libro. Miró una vez más a su alrededor esforzándose por encontrar alguna solución en un golpe de audacia, pero sus medios eran tan escasos que no tardó en darse por vencido.

La desesperación, la sed y aquel devenir espasmódico del agua le hicieron pensar en la salinidad del mar, el movimiento perpetuo y lo inexorable de las cosas. Dudó de si podría haber tiburones o algún otro tipo de depredadores en aquella zona, y no supo decidir si el que los hubiera sería para él peor o mejor noticia. Finalmente, cansado y abatido, se resignó a su suerte y dejó que aquel patín naranja y blanco volcara, a merced de la zozobra de las olas, mientras en el horizonte Cambrils se quedaba cada vez un poco más lejos.

Hoy recomendamos... David Angulo

Hoy recomendamos... David Angulo

De David Angulo se podría decir, recurriendo a la sabiduría popular de la tierra, que es un astralico de mano, o que lo mismo te vale para un roto que para un descosido; expresiones ambas que, traducidas a términos urbanitas, vienen a decir que David es algo parecido a un renacentista del siglo XXI. O, recurriendo a rimbombantes palabras huecas de crítico de prestigio sin registros -y dios me libre de dar nombres- , que estamos ante un polifacético artista multimedia.

Y es que David puede presumir de haber hecho cosas tan dispares como cantar con Carmen París, Especialistas o al frente de su grupo de toda la vida, Al Son del Sur; de haber sido actor en el programa de Javier Coronas “Más te vale XXL”; responsable del diseño gráfico de discos de Amaral, Prímital o Raspa de Gato, entre otros; de haber compuesto los espacios sonoros de diversos espectáculos para compañías de teatro como Teatro del Temple, Muac o Los McClown... Y también (y aquí es donde se aprecian verdaderamente sus poliédricas capacidades) de haber sido técnico de sonido de teatro en gira y conductor del camión de la escenografía, faceta con la que incorpora a su currículum una colisión leve -pero muy destructiva- contra una churrería.

Accidentes aceitosos -en sentido literal- aparte, si hoy hablamos aquí de David Angulo es porque próximamente (aún no, pero es bien sabido que La Carrera del Siglo es una publicación que se adelanta a la actualidad, a veces incluso demasiado), presenta “Habitación 404”, su primer trabajo en solitario; un disco de canciones sugerentes, sencillas pero cuidadas con mimo, en las que a través de los diferentes arreglos y géneros, debidamente batidos en la tourmix de su cabeza, David nos lleva de viaje por su imaginario particular: el teatro, el cine, la televisión, el cabaret o el circo; el mediterráneo, latinoamérica, el magreb y el caribe, pero también las callejuelas estrechas del casco de la ciudad... y así un sinfín de influencias musicales, lugares y atmósferas variopintas, que van cobrando vida a lo largo y ancho de este fantástico autorretrato musical.

Así que ya saben, queridos lectores: no pierdan más tiempo, y corran a comprar cuanto antes “Habitación 404” para, con el paso de los años, poder presumir de conocimientos musicales entre sus amigos, y repetir hasta la saciedad aquella frase tan pedante de “yo ya lo escuchaba antes de que triunfara; me gustaban más sus primeros discos”. No me sean cutres, no se arriesguen a que se agote y tener que reconocer entre sus conocidos que no lo han escuchado; o peor aún, a verse buscándolo con las orejas gachas en la sección de superventas remasterizados del Carrefour. Yo, personalmente, ya me veo de tertulia televisiva con Ana Rosa y aquel churrero de la Feria de Binéfar, profundizando con más detalle en la figura humana del artista y en aquellos entrañables momentos de gofres y porras rodando por doquier.

Luego no nos vengan con que no les habíamos advertido. Y si no, al tiempo.

¿Valeeee?

FOTO 17. Istambul (III)

FOTO 17. Istambul (III)

Estación de autobuses de Eminönü, junto al Puente de Galata. Istambul, 6/11/2004.

Gaudeamus igitur (hipérbole, ma non troppo)

Gaudeamus igitur (hipérbole, ma non troppo)

No me da ruvor ir bestida así, al menos el coyar que nos ponen a los de mi carrera es rojo. Peor abría sido ser de medicina, ay que ber lo mal que sienta ese amarillo.

Oy me acían la foto para la orla; sólo me quedan dos asignaturas para terminar. Mi madre dice que seré una gran avogada o jueza; que en cualquier bufete se me rifarán, y más con lo mona que soy. Yo, que soy una mujer de oy, ya le digo a mi madre que la imajen no importa, que lo importante es lo que aya aquí dentro, en mi cavezita. Y yo tengo las cosas muy claras, que para algo tengo estudios y me estoy sacando la carrera con muy vuenas notas.

Tal vez me dedique a algo relacionado con lo social; porque a mí los povres me dan en general mucha pena, bueno, salvo esos que se ponen pesados cuando vas por la caye y te piden que les des algo todo el rato sin parar, porque son un agovio y eso es una injerencia en mis derechos de ciudadana. La otra cosa que me a gustado mucho de la carrera es el Derecho Penal, yo sería una magnífica jueza de lo penal, y me encargaría de que todo el mundo reciviera su merecido teniendo en cuenta eso sí los atenuantes y las esimentes. A mí me gusta mucho como lo ace Garzón, aunque Marlaska es vastante más atractivo.

Tanvién me e planteado la posivilidad de hacer carrera política, porque yo tengo mis inquietudes, y ay cosas en las leyes que no acavan de conbencerme. Por ejemplo eso de que se castigue tan poco a los que matan. Que yo no soy conserbadora, pero a los etarras ya se les irían las ganas de atentar si ubiera la pena de muerte. Aunque tampoco sé que por qué partido me presentaría; a mí me gustan el PP y la Chunta, y no estoy segura de si savría por cual decidirme.

 

Vueno, y ya bale de escribir por oy, que he quedado con Ana y Sole que nos bamos de compras; espero que con la manifestación esa de los de la Opel que más les baldría trabajar y dejarse de tonterías no ayan cortado el tráfico y podamos llegar con el coche hasta Zara, que son revajas.

 

(Historia basada en hechos reales. Hipérbole, ma non troppo)

Relatos del día a día/ Escenas cotidianas (I)

Relatos del día a día/ Escenas cotidianas (I)

Evaristo Solanas cogió su solicitud en el mostrador de información, y se dirigió al pasillo que la señorita de la entrada le había indicado.

 

Harto de dar vueltas, había aparcado el coche en doble fila; por eso ver toda aquella fila interminable que se dirigía hacia su ventanilla le hizo sospechar que tarde o temprano algún amable agente municipal le dejaría un recado en el limpiaparabrisas. Aún así respiró hondo, y resignado comenzó a rellenar una por una todas las casillas de su impreso, apoyado a duras penas sobre el portafolios en el que llevaba toda la documentación adjunta requerida.

 

Durante los cuarenta y siete minutos que siguieron, pudo comprobar como  hasta en cinco ocasiones otros sujetos que habían guardado pacientemente esa misma fila la abandonaban a buen ritmo en dirección a otra fila diferente, considerablemente enojados y maldiciendo, según el caso, contra la administración, el excelentísimo señor alcalde o el funcionario implicado. Pensó que tal vez él también podría haberse equivocado y en el considerable contratiempo que eso le supondría, pero tras un breve vistazo a la docena de personas que ahora aguardaban con la mirada perdida detrás de él, decidió quedarse allí y confiar en la suerte.

 

Cuando llegó su turno, ordenó cuidadosamente sus papeles golpeándolos sobre el mostrador para encuadrarlos, los cazó con un clip y se los entregó al funcionario. Le pareció que aquel era un señor con la cabeza excesivamente pequeña, y que le escudriñaba por encima de las gafas con cierto aire de superioridad y enfado; eso le resultó gracioso. El funcionario se lamió excesivamente el pulgar, y con administrativa parsimonia fue pasando uno a uno los documentos, mientras emitía sonidos indescifrables con la garganta. Finalmente musitó para sí algo parecido a un “está todo”, y devolvió a Evaristo la última copia, debidamente sellada.

  
Satisfecho por haber dado a la primera con la ventanilla correcta, Evaristo emprendió camino de vuelta hacia el coche, donde efectivamente le esperaba un acuse de recibo rosa.

FOTO 16. Santiago de Cuba (II)

FOTO 16. Santiago de Cuba (II)

Madre con su hija. Santiago de Cuba, 11/07/2006.

Hoy recomendamos... Georg Büchner

"CAPITÁN.-¡Woyzeck! Tú siempre tienes un aire inquieto y apresurado. Los hombres buenos no son así. Los hombres buenos que tienen su conciencia tranquila... Pero ¿por qué no dices nada, Woyzeck? Vamos, di cualquier cosa. Por ejemplo..., ¿qué tiempo tendremos hoy?

 

WOYZECK (mojando el dedo y levantándolo).- Malo, señor Capitán, malo. Hace viento.

 

CAPITÁN.- Sí, sí; ya lo percibo. Siento que corre por ahí fuera. Semejante viento me causa la impresión de un ratón. Parece que tendremos un viento de sur-norte, ¿eh?

 

WOYZECK.- Sí, señor Capitán.

 

CAPITÁN.- ¡Ja, ja, ja!¡Sur-norte!¡Ja, ja, ja!¡Oh, eres tonto!¡Eres completamente tonto! Woyzeck, eres un buen hombre..., pero no tienes moral, Woyzeck. La moral, ¿me comprendes?, es cuando se comporta uno moralmente. Es una palabra excelente. Pero tú tienes un hijo sin la bendición de la Iglesia, y, como dice nuestro venerable señor capellán de la guarnición: «Sin la bendición de la Iglesia, no es mío. »

 

WOYZECK.- Mi Capitán, Dios no se fijará menos en la pobre criatura porque el «amén» no se haya dicho sobre ella antes de hacerla. El señor dijo: «Dejad que los niños vengan a mí. »

 

CAPITÁN.- ¿Qué estás diciendo?¿Qué clase de respuesta es ésa? Te aseguro que me hace sentir un gran malestar espiritual dicha respuesta. No te hagas el distraído y explícate.

 

WOYZECK.- La gente pobre como nosotros... Vea, señor Capitán: el dinero, el dinero, ¡todo es cuestión de dinero! El que no tiene dinero..., ¿cómo se las arregla para poner en el mundo un niño de una manera moral? Y uno también está hecho de carne y de sangre. Lo que pasa es que nosotros somos unos desdichados en este mundo y también en el más allá. Creo que hasta en el cielo tendremos que empujar las nubes para que al chocar produzcan los truenos.

El CAPITÁN ha escuchado a WOYZECK moviendo la cabeza y ahora le reprende. 

CAPITÁN.- Tú no tienes virtud, Woyzeck; tú no eres un hombre virtuoso. ¡De carne y de sangre! Cuando miro por la ventana en los días de lluvia y veo cómo las muchachas se levantan las faldas para saltar por encima de los charcos y enseñan sus pantorrillas, envueltas en sus mediecitas blancas -¡maldita sea, Woyzeck!-, entonces me invade el amor. Yo también tengo mi carne y mi sangre; pero ahí está la virtud, Woyzeck, ¡ahí está la virtud! Sin la virtud, ¿qué sería del mundo? En cambio, siguiendo sus preceptos, ¡qué tranquilidad de espíritu! Siempre me digo a mí mismo: «Capitán, eres un hombre virtuoso, un hombre bueno, un hombre muy bueno. »

 

WOYZECK.- Sí, mi Capitán..., aunque esto de la virtud no llego a comprenderlo del todo. La gente común, los pobres como nosotros, no tenemos virtud. Y así nos dejamos arrastrar por la Naturaleza. Pero si yo fuese un señor y tuviese un sombrero y un reloj, y supiese hablar con distinción, por supuesto que sería virtuoso. Debe ser algo muy hermoso eso de la virtud, señor Capitán; pero yo soy un pobre diablo.

 

CAPITÁN.- Anímate, Woyzeck. En el fondo eres un hombre bueno, un hombre muy bueno. Pero piensas demasiado, y eso es malo. Siempre tienes ese aire de prisa y ansiedad. Te aseguro que esta conversación me ha afectado. Vete ahora y no corras tanto. Camina siempre despacio, siempre bien despacito por la calle. Así..., así...

El CAPITÁN sale marcialmente. La pequeña banda militar le dedica unos compases."   

Woyzeck, de Georg Büchner (1813/1837).

Obra inconclusa, publicada en 1880.

Un año corriendo

Un año corriendo

Hace hoy exactamente 365 días, publicaba mi primer post en la Carrera del Siglo.


Por aquello de hacer algo de balance, y a modo de curiosidad, haremos un alto en la cuneta para decir que en este tiempo se han dado una vuelta por esta Carrera unos 5.000 visitantes (haciendo una media entre los diferentes contadores, que no acaban de ponerse de acuerdo); que el 75% de esas visitas fueron desde España, pero que hubo, por poner algunos ejemplos, un iraní, un chino y dos coreanos despistados -parece un chiste- que en algún momento se perdieron por aquí; o que, omitiendo los yu.es.ei, que cunden mucho, las visitas internacionales fueron principalmente desde países hispanoparlantes, excepción hecha de un inexplicable reducto de taiwaneses que, tipo aldea gala en mitad de Asia, vinieron a verme hasta en 72 ocasiones y a buen seguro en ninguna entendieron nada. (En cuanto a las búsquedas -qué cruz, dios mío-, nos limitaremos a recordar aquel post titulado “Crisis de identidad”, y correremos un estúpido velo).

Diremos también que hubo visitas entrañables, de esas que te recuerdan que el mundo no es tan grande, como las recibidas desde un pueblecito cercano a Chicago llamado Rockford; algo de polémica, sobre todo con un lector anónimo ya desaparecido que se hacía llamar Reno; o feedbacks amables, como el mantenido con esa delicia de blog que mima casi a diario jcuartero. Que hubo muchas verdades, aunque probablemente no tantas como mentiras; personas y personajes, guiños, ironía, silencios y largas ausencias; pero, por encima de todo, que ha habido placer, complicidad y evasión a partes iguales a través de lo escrito, y una sorprendente sensación de deuda y compromiso para con ese alguien impreciso que se esconde detrás de cada entrada, gracias a la cual he vencido algunas de mis grandes dudas, recelos y miedos, que siempre se hacen más fuertes delante de un papel en blanco.

 

 

 

 

Gracias a todos los que habéis pasado alguna vez por aquí. En realidad, éste cumpleaños es vuestro.

Manifestación

Manifestación

Nunca voy a manifestaciones. Cada día más, me desquicia toda esa simbología vacua que, a mi entender, sólo sirve como bálsamo para la autocomplacencia y de distracción de las masas. Lo mismo me da símbolos preconstitucionales que manos blancas, banderas autonómicas, ataúdes, caretas de líderes mundiales o lazos de diversos colores; a base de repeticiones, les sucede lo mismo que a las palabras, que acaban perdiendo el sentido. En más de una ocasión, de pequeño, fui con mi padre a algún Primero de Mayo, y al margen de la formidable colección de pegatinas, chapas, gorritas y banderolas que me llevaba, no me acababa de quedar muy claro qué hacía toda aquella gente dando aquel mastodóntico paseo por Independencia. Lo mismo me sucedió, más crecidito, con las Marchas desde la Base Americana (dirección contraria a la habitual, nótese) reivindicando la recolocación de los trabajadores de la P.A.E., que siempre se convertían en un improvisado y copioso almuerzo itinerante pero que, como se pudo ver con el tiempo, no llegaron a ningún puerto por más empeño que pusiéramos soplando en nuestros silbatos.

Sin embargo, hay una manifestación a la que sí que acudiría. Una manifestación espontánea, cívica, con prohibición expresa de asistencia a cualquier sujeto que presentara una excesiva significación política: nada de afilados con carnet, episcopalianos, periodistas de medios tendenciosos -de uno y otro bando-, excandidatas con chupa de cuero, expresidentes con bigote y otras gentes de mal vivir. Una que reivindicase el cese de las sandeces de los cargos políticos electos por encima de cualquier cosa; que recuperara el derecho a tirar a la gente al pilón. Convocada bajo el lema genérico “Distingo entre palabra y palabrería: POR CADA TONTADA, UN POLÍTICO AL PILÓN”, podría contar con otros eslóganes, del tipo “Al menos guíñame un ojo”, “El lema nos ha salido a la primera”, “Un poco de vergüenza torera”, u otros más obvios en plan “Pozí podría ser parlamentario”, “Mi galápago dice cosas más inteligentes” o “Consigues que crea que me tomas por tonto”. Que de alguna manera les quedara claro; a mí no me están tomando el pelo.

Y es que cansa, cansa mucho tener que escuchar a diario tal sarta de melonadas, que a uno le dejan con la duda de si exiliarse al Congo Belga (o a Ngoma, dichosa república ya casi olvidada) o echarse al monte con un fusil.

Debería ser una manifestación blanca, silenciosa, sin insignias ni consignas; simplemente gente caminando, con las manos en los bolsillos y cara de cansancio, conversando sosegadamente en torno a una novela, su último viaje, el mejor café, el caudal del Ebro, sus cinco canciones favoritas, recetas de cocina imprescindibles, o lo bonito que puede llegar a ser ver cómo sale el sol sin que nadie venga a joderte a gritos la mañana.