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lacarreradelsiglo

FOTO 15. Belchite (I)

FOTO 15. Belchite (I)

Ruinas de la Iglesia de San Martín de Tours (s. XIV). Destruida, como el resto de la localidad, por los bombardeos del 37 en el transcurso de la Guerra Civil Española. Ciudad vieja de Belchite, 20/02/2005.

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Autobiografía

Autobiografía

Nazco. Me pierdo en la playa de la Concha. Me encuentran. Experimentando, me introduzco una pintura azul en la nariz. Primera visita a Urgencias. No sé a santo de qué, pero recuerdo haber ido al colegio con un disfraz de tomate hecho de cartulina.

Camino de la mano con mi abuelo. Lo pasamos bien juntos; con cincuenta pesetas él se toma un chato de vino y yo un mosto. En el puente del azucarero un señor le da a escondidas una bolsa llena de cangrejos. Siento cosquillas en la tripa; debemos de estar haciendo algo malo.

Me despierta mi abuela para ir al colegio; he tenido una hermana. Me indigno mucho al saber que ha habido gente que la ha visto antes que yo. Me rebelo; no quiero volver a almorzar galletas con chocolate. Debería ir al colegio con bocadillo, como un mayor.

Asignatura de Dramatización con Don Eliseo. Estudio, lo justo. Hago guitarra; la rompo. Hago ping pong, soy malo. Hago futbito; soy peor. Hago balonmano; soy poca cosa. No me queda claro eso de que todos tenemos algún don.

Cierran la Base Americana. Mi padre se queda sin empleo. Huelga, manifestación, comité de empresa, prestación, impotencia. Dejo de ser niño. Aprendo a saber cuánto cuesta el dinero. (Paréntesis. Día de piscina. Viene una chica bajita con bikini azul de topos; conozco a Beatriz.)

Hago teatro. Más que ninguna otra cosa. Ensayo, monto, construyo. Sé hacer cosas con las manos. Me divierto. Conflicto de intereses: mi madre quiere que sea alguien de provecho; yo no lo tengo tan claro.

Le gusto a Beatriz. Dejo de gustarle. Le vuelvo a gustar. A mí me gusta todo el rato. Cargo y descargo camiones, y soy feliz. Por primera vez en la vida tengo la sensación de ser algo. Un seypo. Conozco a Luis, Begoña, Quinito, Jorge, Víctor… Me enamoro de todos ellos.

Crezco. Nuevos trabajos, desorientación, responsabilidad, independencia; hipoteca. Con una mesa camilla, un dormitorio y un sofá, me mudo a mi nueva casa. Las cosas se precipitan; todo sucede más rápido. Tal vez eche de menos ser niño. Me olvido de cómo se miraba el mar.

 
 
(Punto y seguido)

FOTO 14. La Habana (I)

FOTO 14. La Habana (I)

Castro y Kruschev, feria del libro en la Plaza de Armas. Ciudad de la Habana, 22/07/2007.

Hoy recomendamos... Paul Auster

No busco excusas para esta nueva dilatada ausencia, pero a veces en la vida las cosas se complican. Y esta vez a mí se me han complicado. Es más, en esta ocasión ni tan siquiera voy a prometer regularidad en lo venidero; que luego no cumplo. Se hará lo que se pueda. Iremos viendo.

 

Durante muchos años he sido un lector empedernido, de los que se escondían debajo de las sábanas con un libro y una linterna. Ya de más mayor, en 3º de B. U. P., tuve la fortuna de descubrir la Literatura Contemporánea gracias a una profesora que tuvo el tino de tratar el tema no como una cuestión profunda, sino con la mayor trivialidad posible (a diferencia del profesor de 2º que contra todo pronóstico consiguió, con su desinterés por los textos y su afición a las fechas, que deseara fervientemente que la quema de libros en tiempos de la Inquisición no se hubiera quedado tan corta). Sin embargo el paso de los años, la falta de tiempo -ah, el tiempo- y la cantidad de cosas malamente almacenadas en mi cabeza han ido mermando cada vez más esa capacidad que me permitía abstraerme del mundo a través de los libros, hasta el punto de dudar de si la había perdido definitivamente.

Así que recientemente, y sin demasiadas esperanzas a decir verdad, comencé la lectura de la última novela de Paul Auster, casi resignado a que acabara sus días como tantas otras en el Limbo de los Justos de mi mesa, en la que se acumulaban ya una docena de libros apenas empezados. En cambio, y a pesar de tan poco halagüeñas perspectivas, no ha transcurrido ni siquiera una semana desde que cerrara la última página del libro, regresando dulcemente de Manhattan a mi sofá y recuperando esa sensación casi olvidada del placer de la lectura, de la que hacía tiempo que no disfrutaba.

Evidentemente, no voy a descubrir a Paul Auster. Ni tampoco diré que hablamos de su mejor obra, aun tratándose de una lectura muy recomendable para los tiempos que corren. Pero sí diré que me gustaría tener algún día la oportunidad de agradecerle lo que hizo por mí sin saberlo, escribiendo Brooklyn Follies.

   

"-          ¿Eso es lo que haces por la noche cuando estás aquí solo?¿Sentarte ahí a ver películas porno de lesbianas?

-          Hmmm. Nunca se me ha ocurrido. Debe ser más divertido que sentarme a escribir mi estúpido libro.

-          No me tomes el pelo. Estoy al borde de un ataque de nervios, y tú gastando bromas.

-          Porque no es asunto nuestro, por eso.

-          Nancy es mi hija…

-          Y Rory mi sobrina. ¿Y qué? No nos pertenecen. Sólo las tenemos en préstamo.

-          ¿Qué voy a hacer, Nathan?

-          Puedes hacer como si no supieras nada y dejarlas en paz. O si no puedes darles tu consentimiento. No tiene por qué gustarte, pero ésas son las dos únicas cosas que puedes hacer.

-          También las podría echar de casa, ¿no crees?

-          Sí, supongo que sí. Y acabarías lamentándolo durante todos los días de tu vida. No vayas por ese camino, Joyce. Intenta encajar los golpes. Lleva la cabeza alta. Que no te tomen el pelo. Vota a los demócratas en todas las elecciones. Pasea en bici por el parque. Sueña con mi cuerpo inigualable y perfecto. Toma vitaminas. Bebe ocho vasos de agua al día. Apoya a los Mets. Ve mucho al cine. No te mates a trabajar. Haz un viaje conmigo a París. Ven al hospital cuando Rachel tenga al niño y coge en brazos a mi nieto. Cepíllate los dientes después de cada comida. No cruces la calle con el semáforo en rojo. Defiende al débil. Hazte valer. Recuerda lo hermosa que eres. Acuérdate de lo mucho que te quiero. Bebe un whisky con hielo todos los días. Respira profundamente. Mantén los ojos abiertos. No comas grasas. Sueña el sueño de los justos. Recuerda cuánto te quiero.”   

 

(Brooklyn Follies, 2006)

FOTO 13. Desde la ventanilla

FOTO 13. Desde la ventanilla

Vaca. Sierra de Urbasa. Tierra Estella, Navarrra, 3/08/2006. Autor: noru85.

Cómo no brindar

Cómo no brindar

La Carrera de Siglo existe al margen de la actualidad. Rehuyéndola; apenas rozándola levemente, y de manera ocasional. Procurando huir de lo trascendente en favor de lo banal y cotidiano, que para esta redacción –hace ya tiempo más interesada en las historias que en la Historia- es en realidad lo poco que tiene alguna relevancia.

Y, claro está, seguirá siendo así.

Sin embargo esta noche comenzamos, de manera inesperada y tal vez prematuramente, una nueva sección: La Vista Cansada. Y encima, para mayor confusión y desastre, comenzamos con un tono que no es el pretendido, ya que “La Vista Cansada” -que ya llevaba algún tiempo entre bambalinas, esperando su momento- no quiere ser más que un hueco desde el que ver la cara B de las noticias, comentarios en trono a la actualidad sin ningún criterio ni contexto, sin pies ni cabeza (vaya, como el resto del blog, para hacernos una idea). Así que, ante la excepcionalidad de la situación, seremos breves.

 

Y es que esta noche la Historia y las historias se entremezclan sin remedio. En un hospital de Santiago de Chile hoy ha muerto uno de esos tipos que jugó con un país entero como quien maneja la Playstation; y no se trata del contexto político, ni del golpismo, ni de la ideología, sino de la pregunta de cómo consigue uno dormir cada noche con una lista de torturados, ejecutados y desaparecidos junto a la almohada, tratando de creerse que todo aquello tiene algún sentido y con los empleados del Banco Riggs doblando turnos para contar los billetes.

Empezaba a resultar irritante ese asunto suyo -y de su mujer, menuda bruja- de zafarse de la justicia a base de dudosas circunstancias médicas; al menos esta vez era verdad. No le tenía más animadversión que a otros personajes que con mayor o menor discreción manejan o han manejado el mundo sin dos dedos de frente; pero cómo no brindar, aunque sea discretamente, por este efímero momento de felicidad de esos que lo padecieron en sus propias carnes.

Va a ser la fiesta de mi vida

Va a ser la fiesta de mi vida

 

Amanezco tumbado en un parterre del Paseo Independencia. No sé, pero se diría que la noche ha sido larga. Un breve repaso por los bolsillos empieza a denotar las primeras carencias: me falta el móvil y la cartera. En su lugar, hecha un gurruño, me aparece la tarjeta de una whiskería de la carretera de Logroño.

Estoy pegado contra una estatua de mármol semidesnuda. Con dificultad me giro hacia el otro lado, y un tubo medio lleno que se apoyaba contra mi pecho y en el que no había reparado, se derrama sobre mi camisa. Al tratar de levantarme, siento como un chicle se ha adherido con fuerza a mi pelo. Sin duda, hoy va a ser un gran día.

 

Escucho una voz: “eh, tú, chico, ¿me escuchas?”. Veo unos zapatos de gala y un pantalón azul oscuro. Mal asunto.

 

Me incorporo con tan poca dignidad que juraría que hasta la estatua se ríe. El estómago me arde y la cabeza me va a explotar. Me sacudo un poco la ropa, trato de estirarme. Creo que recuerdo mi nombre, pero no mis apellidos. Sé que no estoy del todo cómodo: también me falta un zapato. Podría vomitar en ese mismo momento, pero la presencia de la autoridad me disuade de hacerlo.

 

Alguien debería decirle al ciego de los cupones que por caridad dejara de gritar que lleva el gordo para hoy.

 

Así a simple vista juraría que el monumento a la Constitución no tenía tanto movimiento. Uno de los policías de la local, el joven con cara de asco y gafas de sol, me sujeta para que no me caiga mientras el otro, con bigote y más mayor, avisa con voz de guasa a la centralita para que no envíen la ambulancia, que el sujeto del parterre simplemente lleva un pedal descomunal. Una señora que pasa por cerca farfulla indignada algo parecido a “menudo cerdo”. Veo a duras penas que me cuelgan del cuello varios collares hawaianos y una trompeta. Noto además que una gomita me baja desde las orejas hasta el cuello: dios santo, que imagen estoy dando.

 

El agente cincuentón del bigote me sonríe con cara de picardía. “Vaya despedida, ¿eh? ”...

 

Recobro la lucidez en una décima de segundo. El nudo inmenso que me sube del estómago a la garganta me corta de súbito las nauseas. En un barrido confuso alcanzo a ver el reloj de la plaza, que durante tres segundos eternos se empeña en marcar 18º C.

 

 

Las catorce treinta y cinco.

 

 

Me casaba hace tres horas.

 

El poli joven me suelta, viendo que de pronto milagrosamente mantengo por mí mismo el equilibrio. Recuerdo a mi novia. Recuerdo a mi madre. Veo pasar el 30, lleno hasta la bandera. Recuerdo a mi suegro, y la escopeta de caza que guarda en el garaje. Oigo al ciego comentando la jugada; no debe de ser tan ciego como parecía. Mi vida completa pasa por delante de mis ojos a ritmo vertiginoso mientras pienso en si el Justicia me está tendiendo la mano o me señala, para que todo el mundo sepa la clase de persona que soy. Pido disculpas a los agentes y desaparezco por el Paseo de la Constitución, pensando en que no habrá lugar en el mundo suficientemente remoto como para ocultarme.

Hoy recomendamos... Aleluya/ emociones paganas

Hoy recomendamos... Aleluya/ emociones paganas

Keith Richards se deja querer mientras piensa en cómo será eso de trepar a un cocotero. Teenage Fan Club miran a cámara, y otra cámara les mira a ellos. Jarvis Cocker descalzo, decidido a morir de un garrampazo sobre el escenario. Y Melendi agazapado, tal vez sí se avergüenza de lo que hace. Falete que se ríe hasta de su propia sombra. Tachenko, recién salidos de la máquina de triturar. Iggy, tan arrugado como de costumbre. Y Chicks on Speed. Y Najwa. Carl Cox, Bunbury. The Jayhawks. Violadores. Y Fangoria. Chucho Valdés, Macaco. Kiko Veneno, y que dios reparta suerte.

 

“La comunicación es unidireccional, todavía no hay interlocutor a la altura, solo alguien zafio y movido por impulsos del código binario, ceros y unos.
Acepto.
La espera no es larga, ni tampoco tensa. Preludio de un guión estructurado, pero abierto a cualquier tipo de improvisación.
Banda a escena. El público me recuerda de forma súbita y nada sutil el reparto de papeles.
Acepto.
Necesito al protagonista, el guión está escrito a su medida, él marca tempo. Apenas tengo unos minutos de actuación secundaria y las escenas son compartidas. A pesar de todo, entre plano y plano, hablamos de nuestras cosas, cosas banales.

Es más fácil definir una forma de expresión por lo que no es. Tampoco me importa saber lo que es. Sólo quiero formar parte, estar dentro, sólo el tiempo necesario.


Tres canciones, estás fuera.”

Diego Cunquero

 

 

Aleluya/ emociones paganas
Exposición fotográfica Colectivo Anguila
(Pedro Hernández, Diego Cunquero, Iván Moreno)
Del 16 de Noviembre al 14 de Enero

Centro de Historia de Zaragoza (Plaza de San Agustín,2)
(De martes a sábado, de 10 a 21 h.
Domingos y festivos, de 10 a 14 h.

Lunes, cerrado).

 

#Pulp, imágen incluída dentro de la exposición. Colectivo Anguila.

FOTO 12. De la serie "Nuestros Mitos"

FOTO 12. De la serie "Nuestros Mitos"

Con Cayetano Rivera Ordoñez. Backstage del escenario del Paseo Independencia. Zaragoza, 11/10/2006.

 

Siguiendo con el Pilar, y con plena conciencia del retraso acumulado -todo es culpa de las vacaciones y la liga Santi Aldama, que es muy absorbente-, tenemos el placer de publicar la que sin duda es la foto de estas fiestas. Y es que el azar quiso hacer posible este inesperado encuentro con Cayetano, el menor de los hijos de la Divina y Paquirri (junto a Atreyu, otro de mis grandes ídolos de infancia, nunca fuí muy normal), prometedor diestro de porte antiguo, curtido, bello y enjuto, que se coló con su apoderado en la zona de producción y al que no tuve el valor de echar, pensando en todo lo que le habrán hecho sufrir el toro y su familia.


Lejos de eso, y con mi mente puesta en mi labor de reportero gráfico del blog, que aquí hay que darle a todo, -serían las dos de la mañana y quedabamos cuatro gatos- corrí a por mi camara, y con el aplomo que me da la educación taurina que recibí de mi abuelo, le entré con un convincente "¿me podría hacer una foto con Vd., maestro?". El tipo, perplejo pero convencido de estar ante un entendido en la materia, no pudo negarse. A. E. (la chica a la derecha de Caye en la imagen) tuvo a bien sumarse a la foto, aunque no estoy muy seguro de si sabía a qué se dedicaba aquel chico tan guapo.


Me despedí de él con un sobrio "aquí no admiramos a los cantantes, pero sí que admiramos a los toreros" -por fin tantos años de teatro me han servido para algo, gracias Luis y Félix-, al que respondió con un torerísimo "musha grasia". Contento como unas castañuelas, me fui para producción, para alardear de este nuevo hito en la trayectoria de "La Carrera...".

 

Nota: véase el frío que traía el insigne matador, como demuestran su gesto y esas elegantes solapas vueltas de la americana, para más abrigo.


Nota 2: como mi cabeza tapa la D y parte de la E, por esta vez no pediremos a EDMI generadores ninguna compensación por el patrocinio.

El otro Pilar

El otro Pilar

Si somos honestos, nadie negará que unas fiestas patronales (las de cualquier lugar) son un verdadero dolor de muelas para cualquier ciudadano que aprecie en lo que vale la tranquilidad de una agradable y anodina capital de provincia, de esas en las que el concepto de saturación es apenas un leve remedo del de las grandes urbes, colapsadas para siempre en una eterna espiral de obras y atascos.

Indiscutiblemente, la sabiduría ilumina a todos aquellos que deciden pasar estas fechas dedicadas a la Reina de la Hispanidad -especialmente El Puente- en lugares remotos, alejados metódicamente de cachirulos, polainas, blusones de peñista, heraldos y cualquier otra manifestación relacionada con esta incongruente mezcla de exaltación mariana y carnaval. Caminar por las calles del centro se convierte en un todo vale en el que el resto de la ciudadanía decide cuál va a ser tu destino, atrapado en esa marabunta de ancianos en pie de guerra por una silla frente a las jotas, adolescentes gritones camino de conciertos horteras y papás con sillitas llenas de niños a punto de explotar si alguien no les compra inmediatamente aquel globo de la sirenita.

Sin embargo, y como todo en la vida, el Pilar también tiene su otra cara. La de esos personajes que pasan desapercibidos entre tanto caos, pero que son la verdadera intrahistoria de las fiestas, los que definen la confluencia de todos los caminos en el pequeño eje que conforma el centro de esta ciudad. Chinos incansables de cara triste, llenos de diademas, pins y colgantes luminosos, lanzando al aire una especie de piedra que emite un sonido infernal; argentinos de piel curtida, maquillándose para pasar el resto de la tarde inmóviles sobre una peana. Vendedores ambulantes de todas las nacionalidades. Poetas fracasados vendiendo sus versos en fotocopias. Gitanas con ramos de olivo y un don para el acoso que por unos céntimos te dicen la buenaventura; o hippies de rasta y chancleta lanzando al aire sus malabares, vendiendo manualidades imposibles y haciendo trenzas en cabezas de niñas pizpiretas que sonríen. Postales cotidianas anónimas que suelen esconder, siempre en función de la imaginación y de las ganas de divagar de quien las mira, las mejores historias (reales o figuradas, qué importa) del Pilar, esas que tienen por costumbre no aparecer en las portadas.

Pensar en todos ellos me ha hecho recordar a alguien. Hace de esto ya algunos años, cuando mi decisiva labor dentro de este complejo entramado festivo era la de distribuir a diario novecientas sillas delante de un escenario en la Plaza del Pilar, para volverlas a apilar tres horas más tarde. Cada día, a eso de las tres, -hora a la que comenzábamos nuestra faena, dos horas antes del comienzo del alarde baturro- llegaba siempre hasta la plaza una señora mayor, pequeña y arrugada, para la que poníamos la primera silla, y con la que conversábamos un poco mientras poníamos las restantes sillas a su alrededor. Era una mujer discreta, muy educada, que hablaba con apenas un hilo de voz casi tan lleno de surcos como la piel de su cara. Nos hablaba de sus achaques, sus visitas al médico; de su hija, que vivía fuera, o de cómo había visto las actuaciones del día anterior. Nunca supe en realidad cómo se llamaba; sí recuerdo que nos decía que venía en autobús desde el barrio Jesús. Hiciera el día que hiciera, ella estaba allí con esas dos horas de margen, pertrechada con su bolsa de Galerías para la cabeza por si salía el día de lluvia.

Así fue durante al menos tres o cuatro años. En alguna ocasión llegamos incluso a defender -tímidamente- su silla, viendo que llegaba con algo de retraso. Nunca se me llegó a ocurrir que pudiera llegar el día en el que no viniera. Cierto es que cada vez se le veía más mayor, con más dificultad para andar y peor vista, pero uno, por suerte o desgracia, no piensa demasiado a menudo en este tipo de cosas mientras se pelea abnegadamente con los familiares de las rondallas.

Sin embargo, llegó un año y no vino. No niego que tardé algunos días en reparar en ello. Su ausencia fue una sencilla y demoledora metáfora del paso del tiempo y la muerte; sin dramatismos innecesarios, con la naturalidad de lo razonable. Un simple y efectivo cambio de personaje en el guión coral de las fiestas, con una fluidez que para sí querrían el teatro, el cine o la literatura.

 
Es el otro Pilar. Supongo que son todas estas pequeñas batallas, banalidades y encuentros las que impiden que, año tras año, me tire al pozo de San Lázaro en lugar de ver, apacible y reconfortado, los fuegos desde los Panetes.

FOTO 11. Ofrenda de flores

FOTO 11. Ofrenda de flores

Ofrenda de Flores a la Virgen del Pilar. Tradición, tecnología, multiculturalidad e integración reunidos al mismo tiempo en un solo espacio. Temperatura agradable, cielo despejado. Nivel de celofán desperdiciado, muy elevado. Indice de baturrez por metro cuadrado del 98%. Plaza del Pilar de Zaragoza, 12/10/2006.

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Volver a empezar

Volver a empezar

De nuevo tras una larga pausa, esta vez achacable a las Fiestas en Honor de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza, -momento inenarrable de fusión total entre el folclor más cansino, la devoción más recalcitrante y el calimocho (y que en lo que a esta redacción respecta no se traduce en otra cosa que no sea cantidades ingentes de faena, horas sin talento en la calle y quebraderos de cabeza)-, volvemos a publicar, con la esperanza puesta en que nuestros lectores no hayan abandonado definitivamente el barco.

Afortunadamente, este Pilar‘06 al margen de quitarnos horas de sueño nos ha provisto de jugoso material de actualidad, principalmente de carácter gráfico (magnífica sobre todo la nueva e inesperada incorporación a la serie “Nuestros mitos”), que sin lugar a dudas agradará y resultará del interés de nuestra distinguida audiencia, y que en breve encontrarán a su entera disposición en los próximos artículos.
Señoras y señores, niños y niñas, seypos todos, apuren sus bebidas y tomen asiento; la Carrera del Siglo comienza de nuevo. Transpaleta, rampa, lay-her, y el despacho del coronel están preparados: sólo nos queda empezar a bajar.

Nuka

Nuka

Esta preciosidad es el pequeño vendaval de poco más de dos meses de vida que acaba de incorporarse al staff de "La Carrera...", y que a partir de ahora se encarga de llenar nuestra casa de pelotitas de papel de plata y de devorar el tapiz del sofá sobre el que descansa en la foto. Se llama Nuka, nombre tomado de la osita hermana de Jackie en "El bosque de Tallac", aquella serie de dibujos animados japonesa extremadamente lacrimógena (inenarrable tragedia la muerte de la madre de los ositos, qué treintañero no le guarda todavía rencor al cazador ese).

Sin embargo, nuestra Nuka, lejos de aquellos estreses y dramas de infancia, es un ser adorable y tremendamente feliz que, con muy buen criterio -cuánto nos queda por aprender de los gatos-, divide su tiempo entre enredar, ronronear, comer y dormir. Ya ha encontrado sus rincones preferidos de su nuevo hogar: el teclado del ordenador, el futón, el armario de los productos de limpieza; obviamente, nuestra cama; y, sobre todo, los bajos del sofá, que permiten correr boca abajo frotando el lomo contra el suelo -juego fascinante donde los haya-. Le intrigan particularmente los asuntos que suben y bajan, y por ahora su gran hobby es mordisquear los cordones y dobladillos de cualquier prenda que se mueva. Mención aparte merece el cable de los auriculares de mi discman, que dudo que sobreviva mucho tiempo ante tanto ímpetu felino.

Quizá todavía le falte dominar algunas referencias espaciales de la casa (las mayores dificultades surgen con las patas de sillas y mesas, ese vasto laberinto), pero se diría que su adaptación a nosotros ha sido vertiginosamente dulce: basta con ver el entrañable deleite con el que se viene a dormir sobre nuestro regazo, mientras le rascamos la barriga.

FOTO 10. A petición de los radioyentes

FOTO 10. A petición de los radioyentes

Sin título. Centro de Historia de Zaragoza, 25/08/2006. El autor rehusa a hacer pública su identidad (que cobarde).

Respondiendo a las múltiples peticiones recibidas, verbales y por e-mail (todas ellas adjuntaban la imagen), publicamos por aclamación popular esta foto, que responde a la perfección al subtitulo de esta sección -posados y robados-. No consideramos oportuno revelar la identidad de ninguno de los sujetos que aparecen en la imagen, aún a sabiendas de que, por primera vez y sin que sirva de precedente, estamos dando cabida en este blog a un post con caracter eminentemente privado.

Una vez más, guardamos escrupulosamente el anonimato de los fotografiados, esta vez eligiendo el sistema con arreglo a la actitud vital de cada uno de los personajes (y la relevancia de su cargo). Apuntar no obstante, y siendo honestos, que hemos puesto en estas tareas más bien poco esfuerzo -lo divertido es que se les reconozca, claro-.

Hoy recomendamos... Blas de Otero

 

LITOGRAFÍA DE LA COMETA

 

Otra vez

debo decir he visto estoy cansado

de ver

herrumbre añil enjalbegada roña

Hoy

doce de agosto en la ciudad que nombro

alzo la frente frente al mar no puedo

más

y voceo

el silencio del hilo deslizado

hacia el percal de la cometa tonta

 

Otra vez

tienes tierra palabra

herramienta valor para enterrar a un niño

 

Hoy

discuto con el mar estos jornales

nunca

subió tan bajo la común comida

dan

ganas de romper

y rasgar

el silencio del hilo deslizado

desde el percal de la cometa tonta

 

Otra vez

tienes tierra postura

andrajos de color para enterrar a un niño.

 

(En castellano, 1960)

FOTO 9. Santiago de Cuba (I)

FOTO 9. Santiago de Cuba (I)

 Calle Aguilera, centro de la ciudad. Santiago de Cuba, 11/07/2006.

Crisis de identidad

Crisis de identidad

Al principio, poner un contador en el blog es algo francamente entretenido. Ves cuánta gente te visita, de qué país son, contemplas con alegría y sorpresa como alguien de Taiwán ha ido a parar -por error, si no no se entiende- a tu blog, e incluso curioseas acerca de tonterías tales como si emplean Mozilla o Explorer o que el mayor índice de visitas es el de los martes, en horario de oficina.

Sin embargo, y ahora por fin lo he sabido, lo que uno no intuye en ese feliz comienzo es que tu contador puede convertirse, con el tiempo, en tu propio drama.


Y es que me resulta preocupante comprobar como, visitando las páginas de estadísticas de algunos blogs amigos, las búsquedas de google que terminan en este mi blog -que yo hasta el momento definiría de un tono amable y discreto, en su conjunto- son incuestionablemente mucho más subidas de tono que las de cualquier otro. Así, compruebo no sin cierta envidia como esas búsquedas dirigidas a esos blogs parten de referencias tan elegantes como “trajes regionales de las islas cook”, “Athletic trujillo santa maría la mayor”, “guerra civil Zaragoza”, “replica Silla Wassily en venta”, “curia de Pompeyo” o “hui feng Madrid”, que dignifican enormemente la labor de los autores de los mismos.

Yo, en cambio, si bien podría presumir de algunas entradas de cierta alcurnia (“François Vatel Francia crema chantilly”, “he nacido una noche de verano Aleixandre”, “Calendario cosmopolitan mayo”, “Borja Thyssen” o “web tony genil”), encuentro alarmantes búsquedas que me llevan a preguntarme si realmente La Carrera del Siglo es una bitácora relajada o estoy creando un monstruo, a mitad de camino entre lo gore y lo freaky: “playa preadolescentes”, “anchoas satánicas”, “el olor de mi concha”, “Miriam Díaz Aroca fumando”, el pavoroso “fajas para mujeres guarras” o el durísimo e inclasificable “ancianas ***** (palabra irreproducible) mayores de 80 años”.

Es inevitable que algo así no te genere una relativa crisis de identidad bloguera. Recorres tus viejos posts, preguntándote hasta qué punto será verdad todo eso. Te asustas al recordar que una vez pusiste guarra; te tranquilizas al saber que por concha te referías a la costa guipuzcoana. Vas y vienes, miras, rebuscas; y al final deduces que, como dice Jesús Bonilla en Los Serrano, tienes la mirada sucia, y eres incapaz ya de distinguir el pecado allí donde está patente.


Así que tendré que buscar de nuevo mi camino, alejado de este tono descarriado y evidentemente mezquino, borrando de mi léxico cualquier palabra que pudiera llevarme de regreso por la mala senda. A partir de ahora, que nadie espere otra cosa que tartesos, sinécdoques, dodecafonismo serial, Copenhague, y, como mucho, Marlene Dietrich, si es que algún día me da por hacer un exceso.

Breve relato que bien sucede aquí o allá (según se lea)

Breve relato que bien sucede aquí o allá (según se lea)

En función de los gustos del lector, aquí dejamos esta pequeña historieta, que lo mismo podría suceder en Manhattan que en el Actur. Para una correcta lectura, óptese al leer entre las partes rojas y azules del relato (azules cosmopolitismo, rojas cachirulez). Obsérvese que, optando por las rojas, la historia se vuelve inevitablemente mucho más sórdida. Evítese, a toda costa, leerlas entremezcladas: no hay quien entienda nada.

 

 

Me recogen en Echegaray y Caballero/ la Sexta Avenida. El conductor es un tipo amable de Juslibol/ New Jersey que me invita a un cigarrillo. Conversamos por el camino sobre las espantadas de Bunbury/ béisbol, lo del campo de golf en mitad de la Expo/ nuevo proyecto para el World Trade Center y la imposibilidad de que el CAI ascienda a primera/ el despropósito de los Knicks fichando a Francis. Sólo en esto último encontramos algún punto de acuerdo.

Pese a todo, nos caemos bien. Se despide de mí con un apretón de manos que me deja desconcertado. Bajo del coche, y camino hacia el edificio enredando con el vaho que sale por mi boca.

A la conferencia asiste un público de lo más variopinto. Como no podía ser de otra manera, una Virgen del Pilar/ gran bandera americana preside la sala. El hecho de que la charla sea gratuita aumenta el aforo; muchos más ancianos que de costumbre. En un momento dado, pierdo el hilo de mi argumentación al distraerme con el escote de una joven que me escucha con demasiada atención desde segunda fila. Repaso mis papeles, consigo retomar y aprovecho la pérdida de sorpresa inicial para mirarla abiertamente, sin otra intención que la de seducirla desde mi tribuna.

Ella me mira constantemente, yo diría que embelesada, aunque esto pudiera ser una presunción. Me agrada el hecho de que no baje la mirada: sólo lo hace ocasionalmente, para tomar algún apunte; el resto del tiempo me mira a los ojos sin ningún rubor. Mientras recito un párrafo de mi disertación de memoria, no puedo evitar pensar en ella desnuda, en el baño, esperándome, con esa misma cara de avidez que pone ahora.

Termino la conferencia con gran éxito. Mientras me aplauden, se levantan hacía mí con precipitación algunos de los ancianos que ocupaban la primera fila. Me dan la mano, me felicitan con entusiasmo. Uno de ellos resulta ser el presidente de la Asociación Médica Católica Aragonesa/ Americana.

Me levanto, recojo mis papeles cuidadosamente. Cuando levanto la mirada, veo a la joven apoyada e el dintel de la puerta, sonriéndome. Mira hacia los lados con fingida cara de pudor, asegurándose de que no hay nadie. Finalmente, me enseña un seno.

Intentando mantener el tipo, me froto los ojos. No doy crédito a lo que veo. Mi primer pensamiento es que debo de ser demasiado previsible. Cierro mi maletín y me dirijo hacia ella, creyendo que tal vez hoy sea mi día de suerte.

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Adela

Adela

CASA EN SANTIAGO DE CUBA
Sra. Adela Otero Ramírez

Santa Rosa nº 288 e/ Mejorana y Corona
Tlf: 62.74.84 Santiago de Cuba
(Centro de la Ciudad)
OFERTA SERVICIO GASTRONÓMICO

En cada lugar del mundo hay pequeños rincones únicos, personas extraordinarias o momentos incomparables que nunca llegaremos a conocer. Solo en ocasiones la fortuna nos brinda la oportunidad de coincidir con alguno de ellos, y es entonces cuando surgen los recuerdos imborrables. De nuestro viaje por Cuba, ese recuerdo es Adela.

Adela es una señora pequeña y entrañable, de esas que aún visten en bata, y que si no fuera por su acento santiaguero uno podría imaginarla sentada en una silla de mimbre, tomado la fresca con las vecinas en la plaza de cualquier pueblo de España. Sin embargo Adela vive en una bonita casa de una sola planta en el centro de Santiago de Cuba, a pocas cuadras del Párque Céspedes, eje en torno al que gira la vida de esta sugerente ciudad, musical y decadente. Enfermera jubilada, madre y abuela, completa, como tantos otros cubanos, su exigua paga albergando en su casa a turistas que, como nosotros, comienzan o terminan su visita a la isla por Santiago.


Resulta difícil concretar en palabras porqué Adela. Apenas estuvimos tres noches en su casa, pero nadie en esos quince días de camino hasta La Habana consiguió seducirnos de tal manera. Si se tratara de un anuncio, hablaríamos de sus habitaciones; limpias, agradables, con aire acondicionado; de su mano para la cocina; de lo económico de la estancia; de sus desayunos, hechos, como ella dice, al estilo de “su mamá de acá”, con mango, papaya, plátano, piña, jugos naturales, huevos, café, queso, pastas...

Pero no se trata de eso. Adela es su trato amable; su dulzura contándote sus viejas historias de enfermera retirada, explicándote lo lindo que es su programa de radio favorito, o leyéndote el poema en el que basa su forma de ser y su vida. Es el amor de quien sigue sonriendo mientras cuenta lo difícil que es la vida allá en la isla y mira a su nieto, Javierito. Adela es su hablar pausado y sus recuerdos, no siempre amables, de madrugada, en el patio de su casa, entre las plantas, meciéndonos a la inexistente fresca del verano en Cuba.


Esta es nuestra humilde manera de agradecerle su cariño, cumpliendo así con nuestra promesa: poner su dirección en internet (ella no se anuncia en la red porque tendría que pagar a alguien por ello), y recomendar su casa a todo aquel que pudiera leerlo.

Así que si algún día tienen la intención de pasar por Santiago de Cuba, no desaprovechen este regalo que a nosotros nos brindó el azar: alójense en su casa y disfruten conociendo Santiago, y a esa entrañable mujer que es Adela.

FOTO 8. Istambul (II)

FOTO 8. Istambul (II)

 Mezquita Nueva (Yeni Camii), barrio de Eminönü. Vista desde el Bósforo. Istambul, 9/11/2004.

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